Mis Hdades.


Como buena Sevillana y Nazarena, como sevillanita de a pie y agonía de la Semana Santa, capillita sin capilla, la que casi todo o mucho sabe de los pasos, hermandades, imagineros, bordadores.

Como semanasantera que en Diciembre pone ya los dvds de Semana Santa que tan vistos tengo, como bicho raro en mi familia porque, aunque creyentes y aunque les guste la Semana Santa, no son como yo, como aquella que cuenta los días para que llegue ya el Viernes de Dolores, la que se recorría todos los besamanos y besapies, la que se vistió de mantilla, la que trata de ver todas las hermandades posibles y señala en el librito del Llamador dónde ha visto cada paso para guardarlo en una caja con los libritos, estampitas y carteles de las distintas hermandades.

Como “Tonta de capirote“, como la que se come los bocadillos de tortilla con mayonesa enchaquetada y sentada en la acera, como aquella a la que el Domingo de Ramos le duelen los pies y el resto de la Semana Santa no sabe qué se va a poner con tal de poder andar mucho, como aquella que va entre la bulla escuchando “El Llamador“, como aquella que se levanta “reventaíta” y vuelve a ver los pasos del día anterior en Sevilla Tv (que están retransmitiendo la Carrera oficial”, la que se emociona cuando escucha los tambores de Presentación al Pueblo o los de Triana (¡ya está aquí Triana!), como todo eso y mucho más… yo también soy hermana de varias hermandades.

Quiero dejaros aquí una referencia de mis hermandades ya que, “Entre cirios y volantes” son dos pasiones, Semana Santa y Feria y poco o nada he hablado de ésta.

Desde hace once años soy hermana de Presentación al Pueblo de Dos Hermanas. Sus Titulares me recuerdan y evocan mi niñez cuando iba “al puente” (hoy Pasarela Cristo de la Presentación) a ver la hermandad con mi madre y mi abuela Rafaela o la veía pasar por la calle Botica donde vivía mi abuela Isabel.

El Cristo de la Presentación tiene una mirada dulce, serena acatando la decisión del Padre. La virgen, Nuestra Madre y Señora del Amor y Sacrifico, mezcla a su vez el desazón y soledad que siente con una mirada dulce y a la vez fuerte… es una mezcla que no sé explicar.

También soy hermana de La Esperanza de Triana, hermandad que levanta pasiones o grandes críticas… cada uno tiene su andar. Ese Cristo y esa Virgen que todo lo pueden, esa cara morena de gitana guapa, esa forma tan particular de adornar el palio con su inimitable “jardín”, ese caballo que anda, esa cruz que pesa… Esa bulla cangrejeando detrás o delante del palio, esa mano que se apoya sobre la piedra, las miradas de todo el gentío clavadas en una dulce mirada del Cristo que no puede más…

Por último, soy hermana de La Candelaria. Recuerdo que desde chica iba con mis padres a verla en los Jardines de Murillo, ciertamente es la única que recuerdo de Sevilla junto con la hermandad de San Benito, pues por lo general nos quedábamos en Dos Hermanas.

Yo no os voy a explicar la belleza de esta Virgen, no podría, porque la he visto de un modo distinto al que muchos la ven. Es imposible describir la belleza de esa cara, del palio y ese color verde o azul candelaria tan característico. Es imposible describir lo que se siente en los Jardines de Murillo vestida de nazarena cuando miras hacia delante y tienes el Cristo y miras hacia atrás y entre un camino de cirios encendidos, el silencio de gente y la belleza de la noche sevillana, ves el palio completamente iluminado y una humareda de incienso dando más olor si cabe a ese momento entre los naranjos de los jardines…

Espero que os gusten.

Besitos a los sones de “Callejuela de La O